
El ser humano siempre ha sentido curiosidad frente a los fenómenos y realidades de la naturaleza. Ante la imposibilidad de encontrar respuestas racionales y teóricas a su curiosidad ha desarrollado explicaciones, que con el tiempo se convirtieron en creencias míticas en las diferentes civilizaciones. Estas creencias han constituido su identidad y el eje alrededor del cual han desarrollado su actividad social.
Sin embargo, si analizamos el aspecto mítico en la historia de las instituciones sociales, vemos que las creencias tribales se convirtieron en instrumentos que estas instituciones utilizaron para manipular las masas y dieron origen a la formación de estructuras religiosas-eclesiásticas. Pero, ¿cómo sucedió este cambio?
Sabemos que el ser humano es un animal, que por su instinto y por su anhelo de ambición tiende a dominar a sus semejantes, pero como ser racional ha logrado desarrollar la cultura para aplacar estas tendencias.
El camino que las diferentes instituciones sociales religiosas han tomado para llegar a su objetivo de dominación ha sido traumático, ya que no sólo han sacado provecho de las creencias ancestrales, sino que han convertido las creencias míticas en miedos. Este mido ha sido el instrumento para reprimir a las sociedades creyentes, constituyendo así una falsa superioridad y una jerarquía que ha asumido el monopolio de la verdad.
Podemos entonces suponer que la ingenuidad del ser humano lo llevó a depositar su identidad y sus creencias más profundas en manos de sectores sociales que se han aprovechado de él con fines políticos y económicos y a su vez lo han sometido y lo quieren condenar a estar eternamente arrodillado.
Camila Meléndez
